

Victor nos guió en su charla a través de tres conceptos claves: los principios, la lucha y el buen humor. Pocas ofertas laborales piden como requisito el buen humor, y en cambio ¡es fundamental! La actitud de lucha es la contraria a todas las frases de excusas, que suelen empezar con un: “Es que…”: “es que la crisis”, “es que el gobierno”, “es que…”. Quien comienza sus frases con un “… es que…” cada vez que explica una situación, es un firme candidato a pertenecer al grupo de las personas que no transmiten luz, que están del lado oscuro: pesimista, negativo y cómodo. Mientras, aquella otra persona que ante una situación también difícil actúa pensando y diciendo: “qué puedo hacer…”, pertenece al tipo de las personas que brillan y en definitiva transmiten luz: optimistas, positivos y sacrificados. Y la diferencia no está en que uno tengan más estudios o experiencia que el otro, sino en una buena o mala actitud.
Así, el valor de las personas radica no sólo en sus conocimientos y habilidades, sino predominantemente en su actitud. En una fórmula sencilla Victor nos explicaba gráficamente el valor multiplicador de la actitud:
Valor de la persona = (Conocimiento + Habilidades/Experiencia) * Actitud
es decir:
V=(c+h) * a
Para tener una buena actitud necesitamos mantener un equilibrio entre nuestras esferas personal y profesional. ¿Que el trabajo nos consume el 90% de nuestro tiempo y dedicación? No estamos bien equilibrados: una familia que no se cuida, los amigos que no se visitan, el espíritu y alma propios que no se cultivan diariamente, se secan, se resienten, se quiebran y pueden perderse. Sin duda, es fácil mantener una buena actitud cuando todo nos es favorable, pero también hay que mantenerla en las épcas difíciles: “No se sabe quién está desnudo hasta que baja la marea”. Es entonces cuando la actitud de solucionar problemas, la lucha, el esfuerzo y el buen humor nos ayudan a capear los temporales.
Victor terminó con tres consejos concretos para vivir la vida con alegría: ser agradecidos por tener la oportunidad de mejorar y vivir cada día; tener ilusiones y creer que pueden llegar a ser también nuestra realidad; y mantener y cultivar el buen humor. Y está en nuestra mano aplicarlos a diario.
Hemos terminado la charla con sonrisas; descubrimos con Victor, que el buen humor además de ser bueno, es contagioso.